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El Balance Programable

Portada de El Balance Programable, serie de FlouLabs: logo de FlouLabs y el título Balance Programable en blanco sobre fondo naranja

Para muchas instituciones financieras, el reto del dinero programable no es técnico. Es conectar la tecnología con una necesidad concreta del cliente, con los productos existentes y con un modelo que proteja los depósitos, fortalezca la relación financiera y genere negocio.

Esta serie propone abordarlo desde la lógica del balance, el cliente y el negocio, en tres pasos: quién conserva la relación financiera, qué arquitectura sirve a cada institución y cómo pasar de la arquitectura a un programa financiero. El objetivo es que más bancos y cooperativas, sin importar su tamaño ni dónde operen, puedan sumar estas tecnologías de forma rentable.

*Publicado originalmente en LinkedIn como serie de tres artículos: parte 1, parte 2 y parte 3.*

1. ¿Quién conserva la relación financiera?

Durante 2025, América Latina movió aproximadamente US$324 mil millones en transacciones con stablecoins, un crecimiento interanual de 89%. El dato confirma que esto dejó de ser una tecnología marginal. Fuente: OpenTrade, The Stablecoin Surge: Unlocking Growth Across Latin America.

La conversación suele centrarse en pagos más rápidos. Pero para un banco o una cooperativa, esa es solamente la superficie.

La pregunta estratégica es otra: ¿quién conserva el depósito, los datos y la relación financiera cuando el cliente comienza a operar con dinero programable?

El pago cambia la experiencia. El balance define el negocio.

Cuando un cliente convierte parte de sus depósitos en una stablecoin, el dinero no necesariamente abandona el sistema financiero. Las reservas que respaldan esos instrumentos pueden permanecer en una institución regulada.

Pero pueden dejar de estar en la institución que originó la relación con ese cliente.

Ese cambio importa. La entidad de origen puede perder fondeo, actividad transaccional, información sobre el comportamiento financiero del cliente y oportunidades futuras de crédito, tesorería o gestión de liquidez.

El cliente puede conservar su cuenta. Sin embargo, puede empezar a mover, convertir y administrar su dinero desde otra interfaz, bajo otras reglas y con otro proveedor como relación principal.

No se trata de afirmar que toda adopción de stablecoins destruye depósitos bancarios. Se trata de reconocer que, cuando cambia la infraestructura sobre la que se mueve el dinero, puede cambiar también quién captura la actividad y quién mantiene la relación.

La decisión no es tecnológica

Esperar mayor claridad regulatoria es comprensible. Los marcos legales continúan evolucionando y cada mercado tiene condiciones distintas.

Pero esperar no elimina la decisión. Permite que otros actores definan primero la experiencia, la distribución y los hábitos del cliente.

Una institución puede ocupar tres posiciones:

  • Permanecer al margen mientras otros construyen la nueva experiencia.
  • Integrar capacidades de aliados y conservar la relación primaria con el cliente.
  • Usar su licencia, balance y controles para servir a fintechs, emisores y nuevas redes financieras.

Ninguna posición es correcta para todos. Depende de la regulación, la estrategia, el mercado y el apetito de riesgo de cada entidad.

Lo difícil de defender es tratar este tema como si fuera solamente una decisión sobre blockchain.

Las preguntas que deben llegar a la junta directiva

Antes de decidir si emitir, integrar o esperar, una institución debería responder cuatro preguntas:

  1. ¿Dónde queremos que permanezca el depósito? La programabilidad del dinero puede cambiar dónde se concentra la liquidez. La institución debe definir qué depósitos quiere proteger y qué productos puede construir alrededor de ellos.
  2. ¿Quién conservará los datos transaccionales? Los pagos revelan patrones de comportamiento, necesidades de liquidez y oportunidades de producto. Quien controla la experiencia puede controlar una parte relevante de esa información.
  3. ¿Qué relación queremos tener con el cliente? No todos los casos de uso requieren una solución propia. Pero cada entidad debe decidir si quiere ser la relación principal, el proveedor de infraestructura o un participante secundario.
  4. ¿Qué capacidad financiera queremos construir? El valor no está solamente en mover dinero más rápido. Está en ofrecer tesorería, FX, custodia, crédito condicionado y cumplimiento sobre una infraestructura programable.

La oportunidad no consiste únicamente en defender la relación existente. También permite crear productos nuevos y atender mejor a clientes corporativos, fintechs y emisores.

La respuesta no comienza escogiendo una tecnología. Comienza con un problema de balance, un cliente concreto y una decisión sobre el papel que la institución quiere ocupar.

2. La arquitectura debe adaptarse al balance

Una vez que la pregunta sobre quién conserva la relación financiera llega a la junta directiva, aparece otra:

¿Qué arquitectura sirve realmente al negocio de nuestra institución?

Stablecoins, depósitos tokenizados e integración con proveedores externos suelen presentarse como alternativas parecidas. No lo son.

Las dos primeras son arquitecturas de dinero distintas. La tercera es una forma de llegar al mercado. Confundirlas puede llevar a construir un producto técnicamente atractivo, pero económicamente desconectado del balance.

Stablecoin regulada: alcance y portabilidad

Una stablecoin regulada se respalda con una reserva dedicada y busca mantener paridad con una moneda. Dependiendo de la jurisdicción, puede ser emitida por una entidad bancaria o no bancaria.

Su principal ventaja es la distribución.

Puede moverse entre plataformas, conectarse con wallets, facilitar pagos internacionales y servir como base para programas financieros globales. Es una arquitectura especialmente relevante cuando la institución quiere atender ecosistemas externos, habilitar pagos digitales o lanzar productos con fintechs y plataformas.

Pero ese alcance tiene una consecuencia económica.

Los fondos que respaldan la stablecoin deben mantenerse en reserva bajo las reglas aplicables. La institución puede capturar ingresos por emisión, custodia, distribución, FX o servicios asociados. Sin embargo, ese modelo no equivale a captar un depósito bancario tradicional y utilizarlo dentro de la intermediación crediticia.

Por eso, una stablecoin puede ser una excelente herramienta de alcance. Pero no debe evaluarse como un sustituto automático del balance bancario.

Depósito tokenizado: programabilidad sobre el pasivo bancario

Un depósito tokenizado es una representación digital de un depósito existente. El cliente mantiene una reclamación directa sobre el banco emisor, bajo el marco institucional y regulatorio que aplica a ese pasivo bancario.

La diferencia parece sutil, pero cambia la conversación.

La institución no está creando un dinero respaldado por una reserva separada. Está habilitando que su propio pasivo bancario circule y ejecute condiciones programables.

Esto puede permitir pagos corporativos 24/7, liquidación entre participantes autorizados, tesorería más eficiente y operaciones vinculadas a activos tokenizados. También preserva la relación entre depósito, balance y capacidad de intermediación, sujeto a las reglas de cada jurisdicción.

El reto está en el alcance.

Un depósito tokenizado puede funcionar muy bien dentro de un ecosistema controlado o entre participantes institucionales. Pero para operar entre bancos, plataformas y jurisdicciones necesita estándares compartidos, interoperabilidad y reglas claras de liquidación.

La pregunta no es si el depósito tokenizado es superior a una stablecoin. La pregunta es si su institución necesita priorizar control sobre su pasivo, portabilidad externa o una combinación de ambas capacidades.

Integración externa: velocidad con responsabilidades claras

La integración con un emisor o proveedor externo no es una tercera forma de dinero. Es una ruta de ejecución.

Puede permitir que un banco o cooperativa valide un caso de uso con mayor velocidad, sin construir toda la infraestructura desde cero. Es una forma razonable de comenzar, especialmente cuando el objetivo es aprender, probar una necesidad concreta del cliente y medir resultados.

Pero integrar no significa delegar la estrategia.

Antes de lanzar, la institución debe definir con precisión quién controla la experiencia del cliente, la información transaccional, el cumplimiento, la custodia, el proceso de conversión, la liquidez y la responsabilidad frente al usuario.

Si el aliado controla todo lo que el cliente ve y utiliza, la institución puede terminar financiando una relación que otro actor captura.

La pregunta que define la arquitectura

No existe una respuesta universal.

Una stablecoin regulada puede ser adecuada para distribución global y conexión con ecosistemas externos. Un depósito tokenizado puede ser más relevante para instituciones que desean preservar su pasivo y desarrollar productos corporativos programables. Una integración externa puede ofrecer una forma más rápida de entrar, siempre que la institución conserve control sobre los elementos que realmente importan.

La tecnología debe adaptarse al balance, al apetito de riesgo y al P&L de la institución. No al revés.

La arquitectura correcta es la que resuelve un problema real del cliente, protege o amplía la relación financiera y puede convertirse en un negocio defendible.

3. De la arquitectura al programa financiero

Elegir una arquitectura no es el final de la decisión. Es el punto de partida.

La pregunta que sigue es más importante: ¿qué problema de nuestros clientes resolveremos con esta capacidad y cómo se convertirá en un negocio para la institución?

No existe un catálogo único de casos de uso ni una receta válida para todos. Cada banco o cooperativa debe comenzar donde confluyen una necesidad real de su cartera, una capacidad que desea fortalecer y una ruta regulatoria defendible.

Los siguientes son dos puntos de entrada posibles.

Tesorería corporativa y liquidez 24/7

Para una empresa que opera en varios mercados, el problema no es la tecnología. Es la fricción diaria de manejar pagos, proveedores, monedas y liquidez en diferentes horarios.

La programación puede ayudar a mover fondos fuera del horario bancario, automatizar reglas de autorización, concentrar caja y ejecutar FX bajo condiciones predefinidas.

Para la institución, este caso de uso abre una conversación más amplia que una transferencia rápida. Permite ofrecer servicios de tesorería, FX, cumplimiento y gestión de liquidez alrededor de la relación principal del cliente.

El objetivo no debería ser obligar al corporativo a aprender cómo funciona una blockchain. El objetivo es que experimente un mejor servicio financiero mientras la institución conserva el depósito, los datos y la oportunidad de ampliar la relación.

Este puede ser un punto de entrada atractivo para entidades con clientes corporativos, comercios transfronterizos o plataformas que necesitan gestionar pagos masivos. Pero no es el único.

Crédito y colateral programables

Otro punto de entrada está en el activo del balance.

En trade finance o supply chain finance, una institución puede condicionar un desembolso a eventos verificables: una factura aprobada, un documento aduanero, la entrega de mercancía o una confirmación dentro del ERP del cliente.

La tecnología permite conectar esas condiciones con la ejecución de los fondos. Esto puede reducir pasos manuales, mejorar la trazabilidad y dar mayor visibilidad sobre el estado de una operación.

También puede aplicarse a la gestión de colateral, llamadas de margen y liquidaciones de corto plazo.

J.P. Morgan, por ejemplo, ofrece repos intradiarios a través de Kinexys Digital Financing, con términos programables y liquidación contra entrega. No es un modelo que todas las instituciones deban replicar de inmediato. Es una señal de que la infraestructura ya permite coordinar efectivo, colateral y vencimientos de formas antes difíciles de operar.

Otros casos de uso pueden surgir en custodia, pagos transfronterizos, distribución de productos financieros, recaudos, desembolsos, remesas, cuentas programables o servicios para fintechs. La prioridad depende de la cartera de clientes y de la capacidad que la institución quiere construir.

La tecnología no sustituye el criterio bancario

La programación puede automatizar instrucciones. No elimina el riesgo.

El crédito sigue requiriendo análisis. El colateral sigue requiriendo valoración y custodia. La liquidación sigue requiriendo certeza jurídica. Y una operación 24/7 exige controles de liquidez, cumplimiento y continuidad operativa a la misma velocidad.

Por eso una iniciativa no debe arrancar con la pregunta "¿qué podemos tokenizar?".

Debe comenzar con preguntas más útiles:

  • ¿Qué fricción relevante vive nuestro cliente?
  • ¿Qué producto o relación queremos proteger o ampliar?
  • ¿Qué resultado económico esperamos para el cliente y para la institución?
  • ¿Qué capacidades debemos controlar y cuáles podemos integrar?

La institución programable no lo construye todo sola

Un banco o cooperativa aporta licencia, balance, cumplimiento y confianza.

Una fintech puede aportar experiencia de producto, velocidad y distribución.

El programa necesita integrar ambas capacidades bajo un mismo caso de negocio.

En FlouLabs no solo ayudamos a diseñar esa ejecución, sino a conectar Legal, Riesgo, Crédito, Tesorería y Tecnología para que una iniciativa pueda aprobarse, lanzarse, operarse y medirse. También proveemos acceso a nuestra infraestructura financiera para que su institución pueda lanzar su solución en semanas, no meses.

La institución programable no es la que utiliza más tecnología. Es la que sabe dónde esa tecnología crea valor para su cliente y para su balance.

¿Su institución está evaluando un caso de uso? Conversemos.

Conversemos.